Baltasar Merino, el Búbal y Cartelos (páxina antigua)

Por juzgarlo de interés para los aficionados a las cosas de la naturaleza de Galicia, repoduzco el capítulo II “CUDEIRO.-EL BÚBAL.-CARTELOS” de la obra del padre Baltasar Merino “VIAJES DE HERBORIZACION POR GALICIA EN LOS AÑOS 1900 Y 1901”. Este capítulo describe el recorrido realizado por el padre Merino a partir del 24 de Mayo de 1900 por las tierras limítrofes entre Orense y Chantada, siguiendo el curso del Búbal desde Los Peares hasta Cartelos, y alcanzando la cumbre del monte Faro:


“El 24 de Mayo hice un viaje á Orense, en cuya estación me esperaba un buen amigo, D. Camilo González, alcalde del inmediato pueblo de Canedo y residente en Cudeiro, distante éste de la estación cosa de cuatro kilómetros. Al pie del referido pueblo de Cudeiro, extiéndese un anchuroso valle, continuación y remate por aquel lado de la vega, en la que se asienta la ciudad de las Burgas, el cual por lo fértil de su suelo y exposición al Mediodía, produce un vino exquisito, así el ordinario como el tostado, de gran reputación y consumo en el país.


Sin hablar de las plantas bastante generalizadas en la parte llana de Galicia, noté desde luego algunas que no se me habían presentado antes. Crece en los ribazos de la carretera, que por allí cerca pasa, la Linaria amethystea, Brot., de cuya existencia en Galicia se dudaba, á pesar del testimonio de Colmeiro; y el Asphodelus microcarpus, Viv., encontrado ya antes por el abate Pourret.


En los prados, á media ladera de los montes que abrigan del Norte al pueblo y sus ricas producciones, se me ofreció por vez primera, entre innumerables matitas del Gallium vernum, Scop., la Ajuga Pyramidalis, L. Lo propio sucedió con la Spergula pentandra, L. En la región aún más elevada, como en Cartelos y al pie del monte Faro, existen numerosísimos indivíduos de las dos últimas especies. En una explanada entre Orense y Cudeiro, á pocos pasos de la carretera, crece abundantísima la Euphragia latifolia, Gris. Conviene anotar este sitio, por tratarse de una especie nada común, ni en España ni en Europa. Á corto trecho del paraje mencionado, corre un riachuelo afluente del Miño. Sus orillas, embellecidas con espadañas, Iris pseudocarus, L., me proporcionaron muestras del Geranium lucidum, L., y del Ranunculus Broteri, Freyn., y Ranunculus Escurialensis B. et R., nuevas en la flora gallega. La Roripa pyrenaica, Spach.; el Sedum villosum, L., y la Euphorbia esula, L., vense más escasas, ésta en las hendiduras de algunas pareces del mismo pueblo.


Las especies que casi materialmente cubren los terrenos baldíos y de monte, dando un aspecto encantador al paisaje, son el Sorothamus Welwitschii, Bss.; el Cutisus Lusitanicus, Tour.; la Lavandula pedunculata, Cav., y la Genista leptoclada, Gay., ésta ya con las primeras flores. La Genista falcata, Brot., tan común entre Ber y Rivas Pequeñas, y entre Bóveda y la Cruz de Incio, asoma ya también aquí.


A los dos días acordamos de hacer una visita á las márgenes del río Búbal, que en Peares se junta con el Miño, y ambos, ya fundidos en uno, refuerzan á pocos metros la corriente del Sil. En tres cuartos de hora nos condujo el tren á los Peares. En el breve espacio que media entre la estación y la confluencia de los dichos ríos, crece la Euphorbia esula, L., no ya aislada, sino en compañía con la Euphorbia characias, L.. La Anchusa undulata, L., vive al pie mismo de la vía férrea.


Nuestro objeto era, siguiendo la orilla izquierda del Búbal, hacer noche en la aldea llamada San Lorenzo. Al desviarnos del ferrocarril para tomar el conducente sendero, una mirada á las rocas me produjo impresión por extremo grata. Allí vegetaba, tapizando el pétreo y desigual acantilado, una especie que hacía tiempo buscaba en vano. Tenía la apariencia de un Melandrium; era la Silene melandrioides, Lge., descubierta por Häckel en 1876 “en los peñascos próximos al Sil, no lejos de Orense”. ¿Nos encontrábamos en el lugar clásico de la especie? Probablemente sí, pues las circunstancias en todo convienen. La aldea, adonde nos dirigíamos, está próximamente á unos 250 metros sobre el nivel del Miño, en Los Peares. Emprendida la marcha ascendente por entre corpulentos castaños, aquí intactos de la enfermedad que en tantas otras comercas los estraga y mata, pasamos por campos inundados de dos especies interesantes: el Endymion nutans, L., y un Hieracium, con todos los caracteres de H.murorum, L., aunque no todos loe ejemplares se acomodan á la descripción, y la Spergula vernalis W. nueva para la flora gallega.


La Genista anglica, L.; la Stellaria holosteia, L., y la Polygala ciliata, Leb., esta última con flores, ya azules, ya rosáceas, pero siempre blanca la barbilla ó cresta de la quilla, se presentaban á cada instante por el camino. Al paso que nos acercábamos á la aldea, aumentaban entre las piedras, y al fin, en las paredes, la Draba muralis, L., y Erophila verna, Kk., ambas ya muy agostadas, indicando que, con haber sido el invierno riguroso y muy prolongado, aquella cañada aprovechó á maravilla los primeros calores de la primavera. Al pie de una pequeña cascada, poco antes de llegar al poblado, y formando césped resistente y tupido, como el que suele hacer la Pellia epiphylla, Corda, se dejó ver, ostentando su verdosa flor, el Chrysosplenium opposiitifolium, L.. Sólo examinándola en esta fase de su desarrollo, ó teniendo presentes muestras de antemano reconocidas, puede con seguridad determinarse por primera vez esta planta. Más adelante, en la diócesis de Lugo, que comienza en la margen dercha del Búbal, que teníamos enfrente, la hemos visto copiosa y siempre en habitación semejante.


Ya en la vecindad de las casas, recogimos el Orobus tuberosus, L. En presencia de la polanta notamos que sus foliolos son ya agudos, ya obtusos, y aun, como caso raro, los inferiores escotados en su extremo superior, con 3-5 nervios y las estípulas enteras, ó algunas dentaditas en la base. Parece, pues, que sólo al llevar las hojas dos foliolos resulta carácter exclusivo de la variedad unijugis.


En el recodo que forman dos montes contiguos, donde se reunen las aguas de las dos vertientes, dilátanse unas praderías con rica vegetación. La Aquilegia vulgais, L.; el Lamium maculatum, L., dominan allí por doquiera. La Veronica montana, L., abundantísima, siendo éste el único sitio en que la hemos observado, acompañada de la Veronica chamaedrys, L.


Insinuado queda antes que entre las piedras de una pared vive el Cheilanthes hispanica, Mett. Casi todos los herbarios europeos carecen de esta especie singular, que, por lo visto, no es tan rara en Galicia. Fué encontrada por primera vez en los márgenes pedregosos del río Mondego, cerca de Coimbra, en Portugal; y se concibe el júbilo con que la cogieron MM. Boissier y Levier, poco antes de llegar á Toreno, provincia de León, aunque debieron sufrir por esta causa algunos arañazos y punzadas, producidos por una Genista que, como protegiéndola, crecía al lado.


Para nuestro regreso escogimos un sendero más inmediato al cauce del Búbal, y, entre las especies vistas, además de la Ajuga pyramidalis, L., notamos dos Saxifragas: la Saxifraga granulata, L., que parece huir de las tierras bajas y más aún de la costa, y sobre todo la Saxifraga umbrosa, L., ésta adornando con sus largas panojas de flores blancas el borde del camino. Á pesar de su porte, muy semejante al de la Saxifraga cuneifolia, L., distínguese de ella por sus hojas y pediolos mucho más anchos, y por sus tallos, generalmente glandulosos, más robustos. También se dejaron ver varios pies del Anarrhinum hirsutum, Lk. et Hffg., con las flores en un todo iguales á las del A. bellidifolium, Desf., esto es, de un azul amoratado con franjas blancas.


Agradecido, como era mi deber, á los generosos obsequios que me dispensó la familia de D. Camilo, salí para Cartelos por la carretera de Orense á Chantada. Al cabo de dos horas y media de viaje subiendo contínuamente, y después de atravesar el puente sobre el Búbal, en cuyas cercanías divisé la Erica aragonensis, Wk., llegamos al paraje conocido con el nombre de Barrela, á cuya izquierda, en la dirección de nuestra marcha, se halla situada la parroquia de Cartelos. El hallazgo de la especia ultimamente indicada, corrobora la afirmación formulada en un principio, de que hay comarcas en Galicia casi totalmente desconocidas bajo el aspecto fitológico; pues la Erica aragonensis, Wk., no tenida como de la flora gallega, crece copiosa en muchos parajes de la provincia de Lugo, como en Lor, montes de Samos y cerca del punto adonde ahora nos dirigimos, ó sea en la falda del monte Faro, distante de Cartelos unas dos leguas escasas.


Una vez en Cartelos, lleváronnos a su casa solariega, llamada Casa del Barrio, los Sres. Taboada, que aquí suelen pasar largas temporadas de primavera y verano. Reciban desde estas páginas el testimonio de nuestra sincera gratitud.


La vegetación en los alrededores del pueblo atrasadísima, y el tiempo destemplado y lluvioso. El Asphodelus albus, W.; la Veronica chamaedrys, L.; la Veronica serpyllifolia, L.,; la Linaria delphinoides, Gay.; la Brassica cheiranthus, Vill.; la Stellaria holostea, L.; la Euphorbia characias, L., y la Ajuga pyramidalis, L., eran las principales especies que hermoseaban los campos. En cambio, apenas se elevaban sobre el suelo algunos centímetros el Carduus Gayanus, Dur.; el Anthoxanthum amarum, Brot., y la Orchis lalifolia?, L., juzgando por la forma de los tubérculos y las hojas.


Algunos Carex, como el C. divisa, Huds.; C. glauca, Scop.; en compañía de Caltha palustris, L., echaban entonces las primeras espiguillas.


En las gentes de Cartelos, así como en las que habitan las parroquias circunvecinas, notábase una satisfacción y bienestar que no se advierte tan á las clareas en otras partes. El respeto á las autoridades, la moralidad más exacta, junto con una laboriosidad asidua é inteligente, cuanto cabe en terrenos tan quebrados y en personas alejadas de centros de mayor instrucción, reinan en aquellos pueblos, que bien pueden llamarse felices. El centeno y maiz son las cosechas principales, y los bosques de robles los más corpulentos que he visto en Galicia. La falta, sin embargo, de vías de comunicación y transporte hace que se pierda la mayor utilidad que de ellos podría sacarse. Y á propósito de los robles, contóme el señor cura de Cartelos, don Constantino Randolfe, que en su pueblo, de allí una legua escasa, llamado Quintá do Monte, posee él un robledal, á cuyos robles se les quita, al modo que se hace con los alcornoques, una y dos veces la corteza, destinada á las fábricas de curtidos, sin que los robles mueran. Caso extraordinario y que no sucede en otros sitios.


En una excursión al monte Faro, que no permitió continuar hasta el fin una lluvia persistente, pasamos por tojales, en que era de ver la multitud de individuos de una especia bastante escasa en Europa, del Erythronium dens-canis, L., vulgarmente llamada diente de perro. Más adelante, como á media subida del Faro, vuelve á aparecer, entreverada con el Arándano en flor, Vaccinium Myrtillus, L. Prosiguiendo más arriba, la Romulea bulbocodium, Kze., y el Narcissus calathinus, L., que hacía mes y medio había florecido en los campos de La Guardia, ostentaban aún sus frescas corolas. ¡Tanto influye la altitud en la precocidad ó retraso de unas mismas especies! Las indicaciones del barómetro señalaban una altura de 730 metros sobre el nivel del mar; desde donde hicimos alto, hasta la ermita construída en la cumbre más elebada, aún nos quedaba una hora de subida á buen paso.”

Enlaces:

27-1-2017.-En el centenario de Baltasar Merino.

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